Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: atienzadelosjuglares@gmail.com

jueves, diciembre 01, 2011

ANTONIO DE SANCHA





ANTONIO DE SANCHA

Impresor.
Torija (11 de julio de 1720).- Cádiz, (30 de noviembre de 1790).

Nos dice su más antigua biografía, escrita al poco de su fallecimiento:

   Nació D. Antonio de Sancha en la villa de Torija, provincia de Guadalajara, el 11 de julio de 1720, hijo de Fabián de Sancha y María Viejo, labradores honrados y de alguna fortuna. En 1739 vino Sancha a Madrid, donde se fijó y se dedicó al comercio de libros, que por los numerosos envíos que por entonces se hacían para las numerosas colonias producía ventajas que alcanzaban hasta los más infelices libreros.

   Se casó el 3 de febrero de 1745 con Gertrudis Sanz, hermana del impresor de Cámara, Antonio Sanz, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Gabriel, el 18 de marzo de 1746; Manuel, el 24 de diciembre de 1746; Antonio el 26 de octubre de 1753 y María Francisca el 18 de diciembre de 1755.

Por su reconocida habilidad fue nombrado encuadernador de la Academia de la Historia en 1745, y a poco tiempo de la Biblioteca Real. Estableciéndose en la plazuela de la calle de la Paz, frente a la Casa del Correo; después en la Plazuela del Angel, más tarde en la Plazuela del Barrio Nuevo y luego en la Plaza de la Leña, (actual calle de la Bolsa).

   En 1761 hizo un viaje a París, con el objeto de llevar a su hijo mayor, D. Gabriel, que luego le sucedió en la casa, para que apartado del regalo de sus hogares y patria se entregase al estudio más libremente, tenía entonces D. Gabriel 14 años y permaneció en París hasta 1784, es decir, 23 años.

   Regresó Sancha padre a Madrid, donde compró en 1771 la imprenta de Ramírez, propia de Sor Manuela de Santa Catalina, monja dominica. Posteriormente en 1773 tomo la Aduana Vieja, dio ensanches a su establecimiento y entró en la gloriosa tarea de sus empresas.


   Admirable, y casi imposible parece, que en los 17 años que mediaron hasta su muerte, solo y a costa suya, imprimiese tanto número de obras y esto parece aún más increíble cuando se las ve impresas a todas con el lujo de láminas, belleza de caracteres, buen papel, corrección y esmero que recuerdan los tiempos de los Aldos y Elzevirios, su laboriosidad y su bien pensada conducta supieron dejar al tiempo de su muerte a su hijo D. Gabriel la más rica y floreciente casa de imprenta y librería del reino, a pesar de que le fallaron costosas empresas como el Lope de Vega, el Cervantes de Salazar, la Enciclopedia, etc.

Su casa era el centro de reunión de todos los primeros literatos y artistas de su tiempo y de esta reunión literaria y de la continuada polémica que de ella resultaba, nacieron los proyectos que Sancha llevaba a cabo.

Murió D. Antonio de Sancha en Cádiz el 30 de noviembre de 1790. A Cádiz, se nos dice, había ido a tomar los aires de la ciudad, o lo que es lo mismo, a descansar. Y en Cádiz fue enterrado, según consta en su partida de defunción, conservada en la parroquia de la Santa Cruz de Madrid, libro 15 de defunciones, folio 238.

Sus libros, continúan sus biógrafos, publican su fama como impresor: Su gusto y su pasión por la tipografía. Le sucedió su hijo D. Gabriel, quien nació en Madrid en el mes de marzo de 1747, y murió en Madrid el 13 de marzo de 1820, y a este sucedió su hijo, nieto de D. Antonio, D. Indalecio de Sancha, fallecido el 7 de marzo de 1870.

Tomás Gismera Velasco

Antonio de Sancha, biografía breve.
Entre los grandes impresores españoles, muchos y muy buenos, figura en uno de los primeros puestos don Antonio de Sancha, que con Joaquín Ibarra, podemos calificarlos de los príncipes de los impresores españoles y de todo el mundo hispánico.








Dice un autor que la instrucción literaria de Sancha no cedía a la de los más afamados impresores de Alemania que en su tiempo estaban en candelero y todos los elogios que hagamos para la valía del mismo como literato y protector de la literatura y todo lo que en su época en ella sobresalía, fue mucho como reconoció el insigne bibliófilo don José Gallardo, y que le costó mucho dinero por su desprendido amor al arte y a la ilustración de la patria y de él decía: “partícipes han sido en esto de la suerte común de los sabios: como los cirios que por alumbrar a Dios y a los hombres, se consumen en ellos”.

Don Antonio de Sancha nació en Torija en 11 de julio de 1720. Hijo de labradores honrados y de alguna fortuna, a los 19 años vino a Madrid, donde se fijó y se dedicó al comercio del libro que por los numerosos envíos que entonces se hacían para nuestras inmensas colonias, producían ventajas que alcanzaban a los más infelices libreros; a los 25 años se casó con una hermana del impresor de Cámara, Sanz.

Hábil encuadernador, de renombrada pericia artística y valía, mereció ser nombrado como tal para la Academia de la Historia y al poco tiempo de la Biblioteca Real.

Su hijo mayor, don Gabriel, siguió las artes de su padre, que le lleva a París a los 14 años, donde permaneció veintitrés, acompañándole don Antonio algún tiempo, para volver a Madrid entrando en la gloriosa carrera de sus empresas, comprando en 1771 la imprenta Ramírez y posteriormente ampliándola en la Aduana Vieja, y parece imposible que a su muerte, acaecida en Cádiz en 1790, solo a costa suya imprimiese tantas obras con admirable gusto tipográfico y gran lujo de láminas de lo más bello por sus características, buen papel y corrección esmerada.

Su casa era el punto de reunión de los más afamados literatos de entonces, nacionales y extranjeros y los domingos los sentaba a su mesa. Rodeado de esta aureola literaria llega a representar en su casa obras teatrales para probar su efecto. Esto ocurre con la “Raquel” de García de la Huerta, todo organizado por nuestro dinámico paisano, que parece ser (no comprobado), que era nombrado “el torijano”.

Sancha, con las cosas más ajenas a su arte, contribuyo al lustre y esplendor de nuestra literatura y sus prensas, en cuidadas y bellísimas ediciones, fueron monumentos a algunas obras de los ingenios de la literatura española, e igual él que su hijo Gabriel, ambos inteligentísimos, elevaron el arte tipográfico español a las más altas cumbres para orgullo de la patria que les vio nacer, valer equiparable al de Ibarra.

Los Sancha publicaron muchas obras que constan en sus catálogos que se publicaron en volúmenes (1789-1806-1827) magníficos también, pues se imprimieron en sus prensas.

Artículo de prensa de Sinforiano García Sanz. Nueva Alcarria. Guadalajara, 5 de agosto de 1972.