Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: atienzadelosjuglares@gmail.com

lunes, enero 15, 2018

RESTITUTO MARTÍN GAMO



RESTITUTO MARTÍN GAMO

Escultor
Condemios de Arriba(Guadalajara), 24 de septiembre de 1914.
Madrid, 15 de enero de 2006.

   El 15 de enero de 2006, a los 92 años de edad, pasaba a la historia quien en vida fue uno de los grandes artistas que ha dado la provincia de Guadalajara al siglo XX, Restituto Martín Gamo. Había nacido en Condemios de Arriba el 24 de septiembre de 1914 y, a pesar de que pasaba a la historia como escultor, su obra iba mucho más allá, puesto que también se significó con el dibujo, la pintura o la cerámica.

   Llevaba, a la hora de su fallecimiento, quince años de silencio. El público en general no había sabido de él desde que en febrero de 1992 se le hiciese entrega, en Madrid también, en una sesión extraordinaria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del premio José González de la Peña “Barón de Forma”, correspondiente a 1991, reconociendo la labor de toda una vida dedicado al arte. Guadalajara, su provincia, no tenía noticia de su nombre, ni de su obra, desde que mediada la década de 1960 se dejó de hablar de él. Entonces, en esa época, había pasado al mundo de la prensa mediática como el autor de la obra más grande jamás tallada, la del “Coloso de Rodas”. 



   Podía tener una explicación. Restituto era hijo de la emigración. Aquella dura emigración de los inicios del siglo XX que se fue agravando con el paso de los años. A pesar de que ni olvidó su localidad natal, ni su provincia. Marchó a Madrid en la década de 1920 con su familia, para forjarse un horizonte. Y no tardaría en descubrir su pasión, por el arte en general. Sus comienzos son dignos de los grandes autores de aquellos tiempos. Del mundo de la épica novelesca. De la trayectoria que recorren los genios. Tanto que, nuestro paisano, ya iniciado en los estudios de arte, con algunos amigos más, a la sana edad de 19 años, emprendió lo que podría llamarse “camino iniciático”, entre Madrid y Valladolid, a pie, para conocer el arte entre ambos puntos, con destino final en el flamante Museo de Escultura de Valladolid. Una épica que recogió la prensa del momento. Corría el año 1933, cuando solicitó, y obtuvo, una beca de la Diputación Provincial de Guadalajara, que le fue concedida a partir de 1934, para llevar a cabo estudios de pintura. Quinientas pesetas anuales, de aquellos entonces.

   Y llevó a cabo sus estudios, con aprovechamiento. No había más remedio. Obtuvo un Premio Extraordinario en la Escuela de Artes y Oficios, y completó su formación en la Real Academia de San Fernando y en el Círculo de Bellas Artes, significándose en el dibujo al natural. Esto le llevaría a formar parte de la élite de autores y artistas que participaron en 1937 en la gran Exposición Universal de París que nos ha dejado un nombre, por encima de todos los demás, el de Picasso y su Guernica; pero al lado de aquel también estaba parte de la obra de nuestro paisano, en forma de nueve dibujos con un título significativo para el momento: “Composición sobre la muerte y la guerra”, que en la actualidad pueden contemplarse en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

   En la década de 1940 colaboró con Víctor Macho, de quien fue uno de sus más aventajados alumnos; y creó estudio propio en la calle de Mendizábal de Madrid junto a otro de los grandes pintores del momento, el palentino Pedro Mozos; y recibió, en 1943, el Premio Nacional de Escultura, por una de las obras que forjarían su futuro: “Constancia y Fe”. Ya que fue entonces cuando conoció a Juan Ruiz de Luna, uno de los mejores ceramistas de la reciente historia del arte nacional, con quien pasó a colaborar. La obra cerámica de Restituto Martín puede observarse en la actualidad en el museo de cerámica de Talavera, dedicado a la familia Ruiz de Luna. Para los poco doctos en cerámica digamos que a los talleres de Ruiz de Luna, y de su hijo Alfredo, pertenece la azulejería que rotula las calles del centro de Madrid, y fue la portada cerámica de la desaparecida Casa de Guadalajara en Madrid.

   Casa de Guadalajara en Madrid en la que Restituto Martín también estuvo involucrado. Fue uno de sus refundadores en los primeros años de la década de 1960, y miembro de su Junta Directiva durante aquellos, como lo fue anteriormente de la tertulia “La Colmena”, liderada por Francisco Layna, que trató de cambiar el ser y sentir de la provincia de Guadalajara.

   Entonces, en esta década, Restituto Martín había pasado a ser el autor de la obra escultórica más grande jamás tallada. Se trataba del “Coloso de Rodas”. Una escultura de cincuenta metros de altura, elaborada para la película de aquel título, dirigida por Sergio Leone, que forjada en un solar del pueblo de Barajas tuvo, por desacuerdos de las productoras, una vida breve. Montada en el puerto de Laredo tan sólo vivió los quince días que se utilizaron en el rodaje, después fue desmontada, a pesar de que hubo intentos de que permaneciese en el lugar e, incluso, ocupase el lugar de la primitiva, en tierras griegas. No fue la única colaboración con el cine. Para Samuel Bronston, tallaría otras muchas obras. Destacan, entre todas, las que figuraron en “La Caída del Imperio Romano”.

   Corría la década de 1960. Cuando nuestro paisano, además de tallar grandes obras para las producciones cinematográficas producía, en su taller de la madrileña calle del Doctor Ferrán, tallas de arte religioso, para reponerse en iglesias de las que desaparecieron durante la Guerra Civil, o para otras nuevas. Tallas en madera. De las que destacan las de la capilla de San José, en la iglesia de Santa Rita, de Madrid; o las de la también iglesia madrileña de Cristo Rey, en el barrio de Usera. Su obra, incontable, se desparrama por media España. También sus bronces, incontables: desde el Pío Baroja de la calle Okendo de San Sebastián –sobre la obra en piedra de Víctor Macho-, a la Isabel la Católica o Pedro de Estopiñán que presiden las principales plazas de Melilla.

   En el Museo de Cera de Madrid dejó para la posteridad la talla de quien fuera presidente de los EE.UU., Jimmy Carter. Escultura que le fue encargada cuando Restituto Martín, en la década de 1970, había pasado a engrosar la escasa nómina de restauradores del Museo del Prado. Época en la que, a pesar de su nombre y popularidad, no dejó de trabajar, ni de estudiar. En 1974 todavía le fue concedida una de las prestigiosas becas de estudios, de Artes Plásticas en Italia, por la Fundación March. 




(Accedes a los libros pulsando sobre su título)



   Nada, prácticamente de su obra, se conserva en Guadalajara. Quizá porque nadie se interesó en ella. A pesar de que diseñó los rótulos de lo que estaba llamado a ser “Museo Tomás Camarillo”, de la Diputación Provincial. Ya que llevó a cabo también numerosas tallas, y frisos, para la industria. Destacan los de Myrurgia y los del Banco de Aragón, estos diseñados en su Condemios natal. Como dejó su nombre inscrito en los “Festivales Medievales de Hita”, ya que fue el autor de numerosos decorados en la década de 1960.

   Su obra es digna de estudio y reconocimiento; figura entre los grandes de la escultura del siglo XX. A pesar de que prácticamente nada lo recuerde en su provincia o localidad natal, cuyo nombre le acompaña. Tan sólo una talla, la de la Virgen de la Antigua, que presidió la Casa de Guadalajara en Madrid, puede verse en la capital de la provincia; en la iglesia de las Carmelitas, a ella trasladada cuando desapareció la Casa de Guadalajara madrileña.

   Sin duda merece algo más. Porque todavía, lo más importante de su obra, la que hizo para él, esa que se conserva con devoción y nunca ha sido expuesta, está por descubrirse.

   Guadalajara, y Condemios de Arriba, están en deuda con quien ha paseado su nombre por la historia del arte del siglo XX. Porque Guadalajara también es arte, además de monumentos y literatura. A pesar de que, el próximo 15 de enero, aniversario de su fallecimiento, tal vez una de las pocas personas que lo recuerden sea su hija María. Esperemos que, tras leer esto, lo recuerden muchas personas más. Y su nombre ocupe el lugar que merece.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria, Guadalajara, 12 de enero 2018

jueves, enero 11, 2018

GABRIEL DE LA PUERTA Y R´DENAS. UN SABIO DE MONDÉJAR



GABRIEL DE LA PUERTA Y RÓDENAS. UN SABIO DE MONDÉJAR.

   Que un señor de Mondéjar escriba un tratado sobre el vino, a estas alturas, y conociendo la tradición vinícola de la localidad, a nadie extrañaría. La obra, que llevó por título “Instrucción teórica práctica sobre la elaboración de los vinos”, vio la luz en 1875 y se debió a un hijo de la localidad que por aquellos tiempos triunfaba en la capital del reino. Su nombre: Gabriel de la Puerta y Ródenas.

   Don Gabriel, todo un caballero de aquellos del siglo XIX que se nos pintan en series televisivas, unido a un balneario, el de Carabaña y sus aguas. Aunque a él llegó después de su tratado sobre el vino. Que fue uno cualquiera de sus libros, ya que escribió muchos más. Todos de investigación.

   Fue hijo, don Gabriel, de todo un señor notario que ejercía su profesión en el Mondéjar de los comienzos del siglo XIX. Allá estaba establecido después de la francesada y de la famosa década a la que nos condenó aquel rey que, de deseado, pasó a ser el más odiado.



   La escuela de Mondéjar fue la primera que nuestro personaje pisó, y donde aprendió las primeras letras, antes de pasar al Instituto de San Isidro, de Madrid, de donde saldría Bachiller, para continuar estudios en la Universidad madrileña, de la que saldría doctorado en Farmacia, en 1862.

   Sus aptitudes las demostró ya en los comienzos de la carrera, colaborando con los profesores y más tarde con el Colegio de Farmacéuticos. Dedicándose, en lugar de establecerse detrás de un mostrador a despachar fórmulas magistrales, a la docencia, llegando a ser Catedrático numerario de la Facultad de Farmacia, en la Universidad. El primero, cuenta la historia, en utilizar el microscopio para el reconocimiento de la estructura de los vegetales.

   Su nombre fue creciendo al compás que su trabajo y estudios, alcanzando en la década de 1870 un renombre que lo llevaría a emparejarse con quien más tarde sería Premio Nobel, don Santiago Ramón y Cajal.

   Aparte de las comisiones gubernamentales y reales en las que participó, la Real Academia de Medicina lo nombró Académico de número en 1878, formalizando su ingreso dos años más tarde, versando su discurso de ingreso sobre la “Influencia de las Plantas en la Salud Pública”.

 Tres nombres para la historia de Guadalajara, en tres libros únicos.
Tres biografías. Tres historias. Tres formas distintas de ver Guadalajara.

   También ocupó silla en la Real Academia de Ciencias, en la que ingresó en el mes de junio de 1881, y en la de Farmacia, de la que fue nombrado Vicepresidente y más tarde elegido Presidente de la misma. Cuando desempeñaba la Cátedra de Química Inorgánica en la Facultad; la provincia de Guadalajara lo había designado Diputado a Cortes por el partido de Pastrana, y la ideología de don Práxedes Mateo Sagasta; y la Real Academia de Medicina, en uso de sus facultades, lo nombró Senador por esta Real Institución. A más de ser Consejero de Instrucción Pública y… decenas de cargos más que compaginó con el estudio y la edición de algunas grandes obras que han llegado a nuestro tiempo y son, todavía, objeto de estudio y culto. Entre ellas el “Tratado de Química Orgánica General y aplicada a la Farmacia, industria y agricultura”, de 1879, o “Botánica descriptiva y determinación de las plantas indígenas y cultivadas en España de uso medicinal, alimenticio e industrial”, que vio la luz en 1891. Además, dicho queda, de comercializar la famosa “agua de Carabaña”, a partir de 1883.

   A pesar de su vinculación política, y del renombre por el que fue conocido dentro y fuera de España, pasó por la provincia de Guadalajara prácticamente de puntillas, pues no comenzó a reconocerse su nombre, como suele suceder en muchos casos, hasta después de su muerte.

   Días después de su entierro, uno de tantas periódicos que entonces se publicaban en la capital, nos decía: logró para algunos pueblos de nuestra provincia algunas cantidades de propios, e hizo incluir en el plan general de carreteras las que sus paisanos y amigos le pidieron. Dotó de bibliotecas populares a varios pueblos, y siempre tuvo la puerta abierta a sus paisanos…

   Su muerte, de forma inesperada en aquel Madrid en el que dejó su ciencia, el 2 de julio de 1909, causó una gran impresión en las reales academias, así como en la Universidad. Su entierro, al día siguiente, fue motivo de una gran manifestación de duelo de la que tomaron parte de la inmensa mayoría de alumnos de las facultades de Farmacia y Medicina. Desde cualquier foro se coincidía en advertir que había muerto “una gloria de las ciencias españolas”.

   En el  mes de febrero de 1910 rindieron tributo a su memoria las reales academias en Madrid. Guadalajara, y su localidad natal, Mondéjar, todavía tardarían unos cuantos años más en incluir al sabio entre sus hijos predilectos. Hasta el mes de septiembre de 1926 cuando, con motivo de las fiestas de la localidad, el día 15 fue descubierta una placa dando su nombre a una de las calles de la villa.

   Don Gabriel de la Puerta y Ródenas nació en Mondéjar (Guadalajara), el 16 de marzo de 1839, falleciendo en Madrid el 2 de julio de 1909, a los sesenta y nueve años de edad.
 
Tomás Gismera Velasco.
En Henaresaldía.Com

viernes, noviembre 10, 2017

MANUEL PÉREZ VILLAMIL

DE SIGÜENZA: MANUEL PÉREZ VILLAMIL.
A los cien años de su muerte


   El 11 de noviembre de 1917, Manuel Pérez Villamil retornó a Madrid desde Murcia. Había acudido a aquella provincia para tratar de restablecerse en su delicada salud, algo que no consiguió y probablemente sintiendo que se acercaban sus últimos días, quiso retornar. A partir de su vuelta los madrileños, los seguntinos y los guadalajareños conocieron que la vida de don Manuel se apagaba.



   Hijo del abogado seguntino del mismo nombre, y de María del Carmen García Somolinos nació en Sigüenza el 3 de octubre de 1849. En Sigüenza llevó a cabo sus primeros estudios, que continuaría en Guadalajara para pasar más adelante a la Universidad Central de Madrid, donde llevó a cabo estudios superiores, doctorándose en Derecho, así como en Filosofía y Letras, estudios que llevó a cabo entre 1864 y 1870.

   Comenzó su vida laboral como abogado al lado de su padre, representando en algunos  pleitos al diario madrileño “El Siglo Futuro”, al tiempo que comenzaba su vida periodística. Profesión, la de Derecho, que no tardaría en dejar a un lado para dedicarse a la docencia, llegando a ser Catedrático de Teoría e Historia de las Bellas Artes en el Centro de Estudios Católicos de Madrid, al tiempo que opositaba al cuerpo de Bibliotecarios y Archiveros, incorporándose a la institución en 1886.

   Sus primeros pasos periodísticos los llevaría a cabo en esta década, la de 1870, en la revista Hispano Americana “Altar y Trono.

   En junio de 1882 contrajo matrimonio en Madrid con la aristócrata Concepción de Pineda, nieta del marqués de Campo Santo. Anotando que, a partir de entonces, sus amores patrios quedarían divididos entre la provincia de Guadalajara y la de Murcia, investigando y dando a la luz, sobre su tierra de acogida algunas obras de interés en torno a sus pasadas industrias y el trabajo de la mujer, siendo recordado por su defensa del patrimonio histórico-artístico y por la permanencia en aquella capital del famoso “Belén de Salzillo”. Obra que le fue entregada para su custodia logrando, mediante diferentes artimañas, que en lugar de que la colección de figuras terminase en manos particulares, acabase, como lo hizo, siendo de dominio público en la capital murciana.



   Para entonces, para cuando contrajo matrimonio, se había convertido en un destacado periodista. Había comenzado a colaborar con la revista “La Ilustración Católica” que terminaría adquiriendo para convertirse en su director entre el verano de 1879 y los inicios de 1887. Igualmente dejó sus escritos en revistas y diarios como “La Ciencia Cristiana”, “La Lectura Dominical”, “La Crónica”, etc., en muchas ocasiones firmando con seudónimo, o con sus simples iniciales: “M.P.V.”.

   A través de “La Ilustración Católica” se dio a conocer al gran público con artículos en los que el arte y la religiosidad alternaban con otros en los que se mantuvo presente la provincia de Guadalajara, principalmente a través de las comarcas de Sigüenza y Atienza.

   Formó parte de la histórica “Peregrinación Española a Roma”, que tuvo lugar en 1876, ejerciendo en la ocasión como corresponsal para varios periódicos madrileños, y dando a la luz, al término de aquella, un completo relato del viaje, que llevó por título “La Peregrinación Española en Italia”.   Posteriormente compaginará su vida entre la docencia, la Academia de la Historia, el Cuerpo de Archiveros y, por supuesto, la investigación histórica.



Libros para vivir y conocer los museos de Atienza
 Museos de Atienza. Tres Museos, tres historias, tres libros para conocerlos.


   Fue elegido Académico de número de la Real de la Historia en 1906, haciendo efectivo su ingreso con la lectura de su discurso el 12 de mayo de 1907 siendo apadrinado por quien entonces era Cronista Oficial de Guadalajara, don Juan Catalina García López. Uno de sus grandes amigos junto a Francisco Navarro Villoslada, de quien se sentía discípulo y seguidor. Pérez Villamil era ya, desde el 7 de mayo de 1875, académico correspondiente por Sigüenza, de la Historia.

   Hacía muy poco tiempo que Pérez Villamil había publicado una de sus obras más significativas: “Arte e Industrias del Buen Retiro; La Fábrica de la China. El laboratorio de piedras duras y mosaico, obradores de bronces y marfiles”, dada a la imprenta con la colaboración del coleccionista madrileño, político e industrial, entre otras muchas cosas, Francisco de Laiglesia y Auset; libro que obtendría el premio “al talento” de la Real Academia.

   Para la provincia de Guadalajara en general, y para Sigüenza en particular, la gran obra legada para la posteridad sería su historia de la “Catedral de Sigüenza”, contando con las aportaciones del clérigo Román Andrés de la Pastora, y de don Ambrosio Mamblona, quienes serían piedra clave para futuros estudios seguntinos en general y de la catedral en particular.

   No era aquel, el del premio al talento, el primero que recibía Pérez Villamil, puesto que en sus comienzos recibió, el 5 de mayo de 1878, el de la Academia Bibliográfica Mariana de Lérida por su obra “Representación de la Virgen Santísima en el Arte Cristiano”. Y unos años antes, en 1872, el premio de la Ilustración Popular de Valencia, por su romance histórico “La muerte del moro Zafra”, cantando y contando una leyenda en torno a este personaje descubierto en una de sus primeras visitas al Monasterio de Huerta, según propia confesión, en el libro a él dedicado.



   Su vida comenzó a apagarse en 1916, tras el decreto oficial de su jubilación, publicado en el mes de octubre, el día 10, por el que cesaba en su cargo de jefe de tercer grado del cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios por razones de edad y salud.

   Había perdido vista, habla y movilidad, a pesar de que continuaba trabajando en sus informes para la Real Academia. Tenía pendientes algunos estudios de Arte, que publicaría en los inicios de 1917 en algunas revistas especializadas y ofreció su última conferencia en el Ateneo de Madrid el 21 de febrero de aquel año 1917. La conferencia versó sobre la porcelana del Buen Retiro. Su estado de salud no le permitió ofrecerla por sí mismo por lo que, escrita en un sinfín de cuartillas, fue leída por el vizconde de San Enrique, proyectándose numerosas fotografías de la colección del Sr. Laiglesia.

   Fue aquel uno de sus últimos actos públicos ya que la enfermedad se agravó hasta que, al regresó de Murcia, no le permitió salir de casa. Su fallecimiento apenas ocuparía unos renglones en los periódicos, nacionales y provinciales, se produjo el día 11 de diciembre en su domicilio familiar de la calle de  Ferraz número 84, de Madrid.


   Para la posteridad dejó un importante legado en obras de gran calado para la historia patria y guadalajareña. Entre ellas la que, dicho queda, representa, quizá, su obra de mayor calado: “La Catedral de Sigüenza”, que vio la luz en 1899; el primer trabajo que, en profundidad, estudiaba la sede de la mitra seguntina.

      Aparte de estas, fue traductor de algunas otras, del francés e italiano al español, colaborando con las editoriales Bonnet y del Amo, de París y Madrid, respectivamente; quedando como más significativa de estas traducciones la que llevó a cabo sobre “Las Florecitas de San Francisco de Asís”, firmada bajo el seudónimo de “Un hermano de la Orden Tercera”, a la que pertenecía.  Igualmente, continuó la labor emprendida por Juan Catalina García López en la edición de las “Relaciones Topográficas de Guadalajara”, debiéndose a Pérez Villamil el tercer volumen, al tiempo que, fallecido García López, tuvo el encargo de informar a la Real Academia sobre los monumentos provinciales de Guadalajara necesarios de catalogación y conservación, entre ellos el Palacio del Infantado y la Capilla de Luis de Lucena, informes, junto a otros de distinta procedencia publicados en los Boletines de la Real Academia.




   Igualmente fue nombrado, en sustitución del Marqués de Polavieja, vocal de la Comisión Ejecutiva de Excavaciones de Numancia, en 1914; así como de los hallazgos arqueológicos que tuvieron lugar en la localidad de Coria, en la provincia de Cáceres.

   A todo esto se unirán artículos, conferencias, charlas… En su mayoría, al día de hoy, desconocidas. El tiempo las ha borrado de la memoria impresa.

   Al día siguiente de su fallecimiento recibió sepultura en la madrileña Sacramental de San Justo.
   No está de más que, al igual que recordamos a quienes en el mundo de las letras dieron mérito a nuestra provincia sin ser naturales de ella; recordemos, con igual o mayor motivo, a los hijos que, nacidos en ella, también la engrandecieron.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria, 10 de noviembre 2017

martes, noviembre 07, 2017

NOVELAS CON HISTORIA: EUGENIA DE MONTIJO; ELENA SANZ; EL VUELO DEL CUATTRO VIENTOS; EL PALACIO DEL INFANTADO...

 NOVELAS CON HISTORIA: EUGENIA DE MONTIJO; ELENA SANZ; EL VUELO DEL CUATTRO VIENTOS; EL PALACIO DEL INFANTADO...




Hay veces en los que la historia se convierte en una novela… de éxito a través de Amazón

EUGENIA DE MONTIJO. EL IMPERIO ESCARLATA: http://amzn.eu/itHJvW1
(La vida novelada de una mujer que quiso ser monja y se convirtió en la última emperatriz de Francia)

MENDOZA EL TROVADOR: http://amzn.eu/erHN8kA
(Una historia de Guadalajara, a través de la construcción del Palacio del Infantado, que no deja de sorprender. Premio Alvaro de Luna de novela Histórica)

CUATRO VIENTOS. EL GLORIOSO VUELO DE BARBERÁN Y CÓLLAR: http://amzn.eu/eiWuR89
(La historia del primer vuelo trasatlántico, directo y sin repostar, entre España y América. Cuarenta horas a bordo de un avión, el éxito y el fracaso)

ELENA SANZ, LA PERLA DE PARÏS: http://amzn.eu/gFExzDE
(La mujer que pudo reinar. O la reina en la sombra, al lado de Alfonso XII.  Finalista del premio Hispania de Novela Histórica)

viernes, noviembre 03, 2017

JORGE DE LA GUARDIA. MEMORIA EN MIEDES DE ATIENZA

MIEDES DE ATIENZA. MEMORIA DE DON JORGE DE LA GUARDIA
Y del teatro; y de don Juan Tenorio.


   Si don Jorge de la Guardia, que fue uno de aquellos personajes que dedicaron parte de su vida a forjar la Serranía de Atienza tal y como hoy la conocemos levantase la cabeza, sin duda que nos corría a sopapos. Porque don Jorge de la Guardia, además de forjador de una parte de la Serranía de Atienza, de ser pintor, dibujante, escritor, periodista, industrial, actor, coleccionista de sellos, médico, y unas cuantas cosas más, tenía un genio bastante arisco que heredaron sus hijos. Sobre todo don Paulino, quien también fue médico; como su padre, por Galve de Sorbe, Albendiego, Miedes, su entorno y, por último, antes de abandonar la provincia, Jadraque. Y no consentiría ver sus pueblos despoblados.

   Don Jorge no nació por estos pagos, lo hizo en Málaga, aunque en estos desarrolló lo más importante de su labor. Por aquí se casó con doña Paulina, una de las hijas del anterior médico de Miedes, don Paulino Izquierdo, y por aquí dejó a toda su descendencia. En tiempos en los que los médicos se casaban con las hijas de los médicos, como las maestras lo hacían con los maestros.

Jorge de la Guardia, caricaturizado por sí mismo


   Llegó en 1890 como médico de Galve, después de concluir en Madrid la carrera, y desde entonces no cesó de hacer cosas. Un día se paseó por la ermita de la Soledad, de Higes, y la decoró con sus pinturas. Unas pinturas que, para desgracia de nuestros tiempos, ya están más que perdidas. Y es que no tardó en mostrar el genio de dibujante, y de pintor, que llevaba dentro. Tanto que fue, como entonces se denominó, colaborador artístico de la mayoría de los semanarios provinciales de su tiempo. Y terminó sus días, en la década de 1920, en Madrid, exponiendo su obra pictórica en el Círculo de Bellas Artes, como integrante del colectivo madrileño de “médicos artistas”.

   Claro que sí. Que también fue uno de los fundadores de una de aquellas revistas “festivas y literarias” que en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX se pasearon por la provincia, la que se tituló, en Atienza, “Atienza Ilustrada”; en Jadraque, “La Alcarria Ilustrada”, y fue, en Brihuega, el germen del Briocense, de la mano, entre otros, de don Eduardo Contreras.

   Cuando don Jorge llegó a Miedes fue recibido con los brazos abiertos. Entre otras cosas porque su suegro, don Paulino, había invertido todo su capital a lo largo del siglo en adquirir gran parte de las propiedades desamortizadas a cofradías, iglesia y fundaciones, para convertirse en uno de los mayores terratenientes de la comarca. Claro está que ya no estaban en la localidad los Beladíez, los Recacha, los Somolinos o los Lozano, que en otros tiempos fueron dueños de mediana hacienda y grandes rebaños de ovejas.


Miedes de Atienza debe mucho de su progreso a don Jorge de la Guardia

   Caballero a carta cabal fue don Jorge; y como el don Guido de Antonio Machado, gran cazador. Y político en la sombra. Tanto que de su mano salieron alcaldes, diputados y senadores. Que por aquí fue la mano de don Alvaro, conde de Romanones, con quien se partió el cobre en aquello de llevarse codornices al cinto. Tanta estima le tenía, don Jorge al conde de Romanones, que por mejor tenerlo presente bautizó con aquel nombre a uno de sus mejores reclamos de perdiz. Un perdigón que, como el conde, estaba cojo.

   También fue de aquellos industriales adelantados a su tiempo que, viendo futuro en aquello de las eléctricas, se asoció con algunos médicos más, y otras gentes de bien vivir para, desde un antiguo molino de papel, luego de harina, dar el salto a la fundación de la compañía “Eléctrica de Santa Teresa”, que repartió luz por todos estos pueblos de la Serranía de Atienza, dominados por la Sierra de Pela o las torres castilleras de Atienza. Eléctrica que, desde 1904 en que se fundó, estuvo dando luz hasta 1962.

   Don Jorge conoció, en 1893, a doña Isabel Muñoz Caravaca, revolucionaria maestra atencina; y a don Eduardo Contreras, hijo del don Bibiano, del mismo apellido, quien desde Jadraque marchó a Atienza a dirigir la oficina de Correos y Telégrafos. A más de la fundación de la revista de marras, la Atienza Ilustrada, los tres dedicaron tiempo a la escritura y a una de las aficiones que por aquellos tiempos entretenía a las gentes de los pueblos: el teatro.

   TRES LIBROS PARA CONOCER ATIENZA A FONDO.

   Don Eduardo Contreras llegó a dirigir alguna que otra obrita, y a representarla, en Jadraque; como lo hizo en Atienza, y de ahí debió de venirle a don Jorge de la Guardia el gusanillo de fundar su propia compañía “lírico-dramática”, a la que en homenaje a quien entonces triunfaba en los escenarios literarios de Madrid, don Eduardo Zamacois, dio en llamar “Compañía Lírico Dramática Zamacois”, cuyo reglamento presentó para la aprobación del señor Gobernador civil de la provincia de Guadalajara en el mes de enero de 1901. Eran tiempos en los que, por estos pueblos, surgían estas y otras manifestaciones culturales. En Somolinos le salió a don Jorge la competencia al fundarse la “Compañía Lírico Dramática, Echegaray”.

   La primera gran representación de la compañía, en un teatrito que el propio don Jorge de la Guardia montó en su casa de la calle de la Fragua fue, claro está, de ahí el título de este recordatorio, Don Juan Tenorio. Obra que ya se asimilaba a estos días en los que se recuerda a los fieles difuntos y a todos los santos.

   La representación que tuvo lugar en Miedes, entonces llamado de Pela, por la su sierra, se llevó a cabo el 2 de noviembre, festividad de los fieles difuntos, en un ambiente que a muchos gustó y a algunos disgustó. Puesto que no estaba muy claro para el pueblo en general si diversión y luto podían caminar de la misma mano.

   La obra de Zorrilla, que había salido al mundo de la escena a mitad del siglo XIX se había representado en dos o tres ocasiones en los escenarios de Guadalajara, capital; y era la primera vez que se hacía en un pueblo de la provincia. Cifuentes sería el tercer escenario en el que la obra encontraría eco, dos o tres años más tarde.

   Por supuesto. La representación de don Juan Tenorio en Miedes de Pela fue todo  un éxito. El papel de don Juan lo interpretó don Jorge, y a doña Inés la encarnó una moza de la localidad, Cándida Gil. Don Jorge se encargó también de la decoración del escenario para el que, se nos dice, pintó un impresionante cementerio.

   Todo lo contrario de lo que sucedió en la presentación de la obra en Guadalajara el 1 de noviembre de 1896, cuando el actor que interpretaba a don Juan se quedó sin voz, se arruinó la función y el público terminó pidiendo la devolución del coste de la entrada.

   Tuvo, don Jorge de la Guardia, la complicidad para el éxito de su compañía de teatro de quien fuese maestro de la localidad don Francisco Barrio, hombre también de ciencia e inquietudes serranas quien tuvo una dramática muerte, de esas que quedan para recuerdo de los tiempos. Don Francisco un buen día, dando clase a sus alumnos, dijo delante de ellos sus últimas palabras: “me muero”, y se murió en mitad de la clase de gramática, a los 39 años de edad.

El Descendimiento de Cristo, en la ermita de Higes, obra de Jorge de la Guardia


   Con la Compañía Lírica Zamacois de Miedes de Pela, don Jorge dio cuerpo a unas cuantas representaciones, y a la gran celebración que Miedes vivió para conmemorar el tercer centenario del Quijote. En Miedes organizó decenas de actos lúdicos, festivos y culturales, impartiendo conferencias literarias con las que acrecentar la cultura de sus vecinos. E incluso acompañó, en aquella aventura literaria que recorrió estas tierras, a don Ramón Menéndez Pidal cuando por el mes de mayo de 1903 se empeñó el sabio en encontrar las huellas del Cid por tierras de Miedes, y de Atienza.

   La Compañía Zamacois llegó viva, en Miedes, con sus actos y representaciones, hasta el año 1911, cuando don Jorge de la Guardia dejó la comarca para trasladarse a Madrid, como médico de la Beneficencia del distrito de la Latina.

   Lo cierto es que, don Juan Tenorio, tras el primer y desastroso estreno, primero del que tenemos noticias, en la Guadalajara de 1896, se representaría, por segunda vez, en Miedes, hoy de Atienza, entonces de Pela.

   Un año después, de nuevo en Guadalajara, y en el Coliseo Luengo, regresó don Juan Tenorio, para triunfar. Esta vez bajo la piel del actor Julio Fuentes, que fue quien en aquella ocasión le dio vida. Pero en Miedes de Pela, o de Atienza, de la mano de don Jorge de la Guardia, ya había triunfado.

Tomás Gismera Velasco
Nueva Alcarria
Guadalajara, 3 de noviembre 2017